Antonio Cano Gea fue asimismo un entregado admirador y conservador de la
naturaleza de su tierra natal, Almería. Fue uno de los primeros en
alertar sobre los problemas que sufrían la albufera de Adra,
humedal de la costa del Poniente almeriense de gran valor biológico,
debido a la presión ejercida por la agricultura intensiva. Sus
peticiones de protección para el espacio, actualmente Paraje Natural, no
prosperaron en su época. Del mismo modo, fue uno de los primeros en
interesarse por las salinas de Punta Entinas, hoy día Paraje Natural de Punta Entinas-Sabinar.
Los métodos de estudio seguidos por Cano sirvieron de base para las
posteriores investigaciones de José Antonio Valverde en Doñana.
Su labor, no obstante, llega a su cúspide en el año 1971 y posteriores, cuando, en colaboración con Valverde, crea la Reserva Natural de La Hoya, en una finca propiedad del CSIC situada en el barrio de ese nombre, a las espaldas de la alcazaba de la capital almeriense. Valverde y Cano, especialmente sensibilizados por la situación de especies de gacelas norteafricanas poco estudiadas, como la gacela dorkas y la gacela mohor o gacela mohor, decidieron acometer su cría en cautividad, una exitosa empresa pionera en el mundo.